Cl.
Flores
¡Feliz día mamás!
Por: Rocío Aguilera (Penny Pop)
Donde quiera existe inspiración y que mejor inspiración que nuestra propia madre. Canciones, poemas, fotografías, pinturas, esculturas, libros y más libros han surgido de ese irrompible vínculo madre-hijo. La mayoría de los pintores y dibujantes, en un momento u otro han pintado un retrato de la mujer que les dio la vida. Algunos son favorecedores, otros no tanto y otros son muy personales o íntimos. Sin embargo todos son un homenaje a la persona que nos trajo al mundo o nos hizo parte del suyo. Algunas conexiones sobrepasan lo físico. El genio británico de la moda Alexander McQueen tomó la decisión de apagar para siempre su vida después de diez días de la muerte de su madre. En una entrevista que le hizo su madre, cuando ésta le preguntaba cuál era su mayor temor, McQueen replicó: «Morir antes que tú».
Desde los griegos hasta la actualidad el culto, respeto y admiración por el rol de madre ha sido reconocido. Es gracioso que los primeros años de nuestra vida nos inculquen a darle a mamá un regalo hecho por nosotros mismos. Nuestras huellas, un calendario a garabatos, una presentación de alguna canción o bailable. Recuerdo un 10 de mayo recitando una poesía de memoria con guantecitos y todo. El esfuerzo que hizo mamá para comprarme el vestido y los guantes blancos. Ese gran esfuerzo que se valora de grande, que de adolescente no se comprende y que en una partida se convierte en flores: en homenaje. El retrato de la madre del maestro de la angustia existencial Edvard Munch llamado “Madre Muerta” muestra a su madre en el momento de su muerte por tuberculosis cuando él tenía 5 años. Edvard aparece en primer plano tapándose los oídos con sus manos. El famoso pintor de EL GRITO (llamado originalmente “Desesperación”) giró toda su obra y vida en hechos tan trascendentales como ese. Edouard Manet pinta a su madre sentada en un jardín con un gran sombrero negro a la que apenas se le nota el perfil. Seurat muy al estilo puntillista deja ver alguna sombra en tonos grises y negros una mujer ocupada en el tejido. Vincent Van Gogh dibuja una honesta sonrisa en la boca de su madre ojiverde que hacen juego con el fondo del retrato. Juan Gris podría entender sólo él mismo la figura de su madre al mostrarla tan abstracta y misteriosa perdida entre figuras. Sin duda todas éstas manifestaciones al estilo de cada quien son un tributo y agradecimiento a esta gran figura de nuestras vidas. Ausentes o presentes, nadie negará que ellas son el pequeño gran impacto de lo que ahora somos y siempre hemos sido. Felicidades a todas las mamás, especialmente a la mías: madre y abuela.
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