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Hijos disciplinados

agosto 22, 2016

Recuerda que las amenazas, las palizas, y la privación de privilegios no tienen sentido para los niños pequeños y además influyen negativamente en el desarrollo emocional: Claudia Ojeda

Por: Claudia Ojeda

Disciplina procede del mismo término que “Discípulo”, alguien que aprenda de un líder o lo sigue voluntariamente. Los padres y los maestros y el niño o discípulo que aprende de ellos los modos de vivir que hacen que sea útil y feliz. La disciplina es el modo que tiene la sociedad para enseñarle al niño la conducta moral  aprobada por el grupo. La meta de toda disciplina es moldear la conducta para que se conforme a los papeles prescritos por el grupo cultural.

Siempre se ha considerado que la disciplina es esencial para el desarrollo del niño, sin embargo, las ideas respecto a lo que constituye una buena disciplina han ido cambiando. En la actualidad se hace hincapié en el crecimiento interno: la autodisciplina y el autocontrol. Puesto que su función principal es enseñar la aceptación de una restricción necesaria y ayudar a dirigir las energías del niño hacia causas útiles y socialmente aceptables, la disciplina positiva alcanzará este objetivo en forma más adecuada que lo negativo, lo cual significa control mediante la autoridad externa, casi siempre en forma arbitraria y a través de medios desagradables o dolorosos. Las amenazas, las palizas, y la privación de privilegios no tienen sentido para los niños pequeños y además influyen negativamente en el desarrollo emocional.  Antes de los tres años, el niño comprende perfectamente bien que ha hecho algo malo o que los papás están enojados, pero le llevará algún tiempo acordarse de relacionar una acción particular con un resultado particular. Por esta razón es fundamental que se le señalen los errores de inmediato para que puedan relacionar el acto con la consecuencia.

Las reglas básicas: Para preparar el escenario y disciplinar a los niños con éxito, éstas son las reglas básicas con las que concuerdan muchos expertos:

  1. Todos tenemos responsabilidades.Hay que enseñar a los niños, desde el principio, que en la familia hay un sistema de apoyo recíproco, por el cual todos se ayudan y colaboran.
    2. El respeto tiene que ser mutuo.Una de las quejas más comunes de los padres con relación a sus hijos y viceversa es: «No me estás escuchando». Procura dar un buen ejemplo desde el principio, y cuando tu niñito trate de decirte algo, interrumpe lo que estés haciendo, ponle atención y escúchalo. Así más tarde podrás exigirle el mismo comportamiento.
    3. La clave está en la constancia. ¿Quieres criar a un niño con fortaleza emocional? Sé constante y firme con relación a las normas y tareas. Es preferible insistir en que el niño ayude con una única tarea que no exigirle absolutamente nada. Tu firmeza y constancia le enseñarán a tu hijito que le quieres lo suficiente como para esperar que se comporte responsablemente.
    4. La vida no siempre es justa. Los padres tenemos mucho miedo de decepcionar a nuestros niños, demasiado, dicen muchos expertos. Pero, si los niños nunca pasan por situaciones dolorosas o frustrantes, como al tener que compartir un juguete o esperar su turno, o si nunca sienten tristeza ni desilusión, no tendrán la oportunidad de desarrollar las habilidades psicológicas esenciales para su felicidad.
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