Cl.
Los siempre inesperados sucesos rojos
París, Francia.
Por: Marcial Fonseca / Foto: Befonts.com
Ya pasaron varios meses desde lo de Charlie Hebdo, pero los charcos magenta y las campanadas parisinas están de vuelta, tanto así, que la conciencia plural está otra vez en un grito. Quien crea que una herida se sobrepone a la otra está en un error craso; quien compre el que la conciencia de medio mundo está indignada ante la bruta y burda violencia de, se menciona a trastabilladas en los medios, una septena de hombres llamados “terroristas” en la que bien podría ser considerada la ciudad más emblemática del mundo occidental por su peso artístico y su simbología así como por ser la catedral de la moda, comete en mi opinión dos errores; no sana nada, y lo sigue creyendo.
Pasan los días y sigue siendo lamentable que este episodio haya tomado lugar en las inmediaciones de un espectáculo, cualquiera que fuese, en donde estos extremistas hayan acabado con la vida de más de ciento veinte civiles (por las cifras variantes en información oficial), hace que el foco mediático se centre en eso dejando de lado situaciones quizá no más violentas, pero si más longevas. No profundizaré en el tema del impacto mediático, a veces hipócrita, y de señuelo de estos inolvidables y lastimosos atentados terroristas. Son tragedias que podrían seguir ocurriendo, esto tras que Francia ha declarado la guerra oficialmente a los responsables en donde no es que no se pueda hacer nada para frenarlo, o que sea necesario para alguno u otro fin, sino que más bien los antecedentes de este tema no son de ahora, quizá en impacto mediático sí, pero estos sucesos rojos tienen una raíz, no sólo abracando al terrorismo, y esa necesidad de ajusticiar a gente inocente, que sin deberla ni temerla con o sin el fundamento, en mi parecer bastante enclenque, ha pagado con su vida diferencias políticas. Sabemos que las masacres ocurren en cualquier lugar, sean países turísticos o no, los cuales no siempre son hechos por una ejecución a cargo de una septena de terroristas del Estado Islámico, como esta vez sucedió en las inmediaciones de un evento deportivo y musical.
Los ojos buscan colores vibrantes, las bocas temas nada complejos y de consumo común que den una pasajera sensación de sabiduría o un deleble rastro de inteligencia, caso Paris, Hebdo y Bataclan, dos veces en el mismo año.
Es importante, sí, ser conscientes de lo que está ocurriendo globalmente, aunque probablemente deberíamos estar aún más aterrados no por los terroristas que atacaron a Francia el viernes 13 de noviembre o por el pasado atentado que tuvo en enero Charlie Hebdo, sino porque es alarmante que sean jóvenes en su mayoría quienes estén protagonizando la que ha llamado el Papa Francisco “Tercera Guerra Mundial”.
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